La reconciliación ronda en los Montes de María, una de las zonas más aporreadas por el conflicto en Colombia. En el Museo de Memoria que lleva el nombre del Mochuelo, ave característica de la región Caribe, y con los encuentros entre responsables del conflicto y víctimas, se viven escenas de verdad y perdón que abonan los caminos de la paz y el alivio de las víctimas.

Los Montes María han convertido su dolor y su pasado en trampolín para buscar la verdad, la reconciliación y la no repetición de acciones que fracturaron cada una de las vidas de sus habitantes. En esta labor, los Festivales de la Memoria y el Museo Itinerante El Mochuelo son los vuelos emprendidos por sus habitantes en busca de convertirse en montes de paz y reconciliación.

En esa región la verdad se posó sobre San Juan de Nepomuceno para sanar las heridas del conflicto armado. La verdad fue el canto que las víctimas querían escuchar en el II Festival de la Reconciliación en los Montes de María. Tenían citas allí miembros de la Fuerza Pública, ex integrantes de las AUC, miembros del ahora partido político Farc y terceros implicados en los hechos que deshojaron la vida en este territorio.

Y tal vez sea Soledad Acosta, viuda del líder campesino Chucho Pérez, precursor de la ANUC, quien encarne la memoria de las víctimas, pero también encarna el futuro de un territorio dispuesto a contribuir a la sanación de los habitantes de la región a través de la reconciliación y la verdad.

Benedicto González, integrante de Farc, pidió perdón público a Macayepo por haber sido estigmatizada durante años como una “comunidad paramilitar”. Se comprometió al desminado de zonas del territorio y aclaró que Jorge Montes, quien fue encarcelado y perseguido por las autoridades, jamás perteneció a estructura alguna del grupo guerrillero. También hizo un cuestionamiento a quienes aún no han devuelto las tierras despojadas y la permisividad de las autoridades en masacres como la de Chengue.

Para el General Rafael Colón, esclarecer los intereses detrás de las masacres registradas, implica una gran responsabilidad por parte de los alcaldes de turno de esos municipios afectados, a quienes debe hacérseles preguntas. Reconoció las equivocaciones cometidas bajo el estado de esquizofrenia y locura que produjo la guerra y la tendencia a ver un enemigo potencial en cualquier lado. Asimismo, invitó a la comunidad a dejar el miedo de lado.

De la misma manera, el Museo Itinerante El Mochuelo, inaugurado el 15 de febrero en el Carmen de Bolívar, pretende ser una propuesta de sanación colectiva y reconstrucción de la memoria, y específicamente rememorar las 104 masacres acaecidas en la región.

La propuesta nació de las acciones de Soraya Bayuelo y Beatriz Ochoa, como una respuesta a la guerra contra el proceso de paz representado en una política del olvido. Dicha guerra tiene rostros bastante conocidos contra un puñado de cifras que se nos aparecen ajenas y frías. Para las comunidades asentadas en los Montes de María el vuelo de las aves y el retoño de la esperanza pasan necesariamente por el perdón, la reconciliación, la verdad y las garantías de no repetición. Para ellos, la sombra oscura de la violencia es un capítulo que están cerrando.

Texto y fotos: Jeyfer Acosta Maldonado – La Plena Caribe.

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