Tarcisio Medina estudiaba Linguística y Literatura en la Universidad Surcolombiana de Neiva cuando fue raptado por la policía. Más de tres décadas después, con la claridad sobre los responsables de su desaparición, nada se sabe sobre sus restos mortales.

Tarcisio Medina Charry nació el 28 de mayo de 1966 en el hogar de Tarcisio Medina (padre) y Marleny Medina.

‘Tito’ como lo llamaba cariñosamente su familia, era el mayor de sus hermanos: Reinaldo, Paola y Johana.

Su familia se dedicaba a las labores del campo en una pequeña vereda de Palermo (Huila). Su mamá era reconocida por ser partera y por su gran trabajo comunitario.

A Tarcisio desde pequeño le encantó la lectura. Con los años forjó una pequeña biblioteca en casa, en la cual pasaba largas horas del día y de la noche.

Le gustaba leerle a su mamá escritos de Gabriel García Marquez mientras ella realizaba las labores del hogar. Fue un buen estudiante.

En su bachillerato participaba de las actividades comunitarias. En su adolescencia inició su militancia política con la Unión Patriótica.

Su padre no estuvo de acuerdo. Pero en ls mente y en el corazón de Tarcisio crecían las ideas de transformación social para Colombia.

Su mamá recuerda que reunía a los trabajadores de la finca y les leía.

Afirmaba que las cosas debían cambiar “para que los pobres no siguieran así de pobres”.

Tarcisio tenia una mente inquieta y soñadora. Quería ser profesional.

Dejó el campo y viajó a la capital huilense para terminar sus estudios de secundaria, definir su situación militar y entrar a la Universidad.

En Neiva vivió con sus tías mientras estudió en el Colegio Nacional Santa Librada y consiguió un trabajo que ayudaba con sus gastos. Terminó su bachillerato en la Nocturna, para poder trabajar.

Los fines de semana viajaba al pueblo a compartir con su familia. Era un hijo muy cariñoso y muy cercano con su mamá. Siempre inculcó en sus hermanos el amor por la lectura.

Ingresó a las filas de la Juventud Comunista Colombiana. Se presentó y pasó en la Universidad Surcolombiana a estudiar Lingüística y Literatura.

El viernes 19 de febrero de 1988 Tarcisio Medina participó en una conferencia sobre José Eustasio Rivera. Salió de la Usco hacia las 9 de la noche.

A unas cuadras de la Universidad Surcolombiana de Neiva, un grupo de policías realizó un sorpresivo operativo de solicitud de documentos de identidad, por órdenes del Teniente Álvaro Hernando Blanco Carrera, comandante la Estación de Policía de la ciudad.

En la ‘batida’ fue detenido Tarcisio Medina Charry, quien para esa época tenía 21 años de edad.

Con él, otros cinco jóvenes fueron conducidos al comando del Departamento de Policía Huila. Todos quedaron libres, menos Tarcisio.

En el momento de su captura llevaba en su mochila varios ejemplares del periódico comunista “Voz”.

Sus compañeros se presentaron al Comando de Policía, pero no les brindaron información.

Cuando avisaron a su familia, su papá viajó desde el pueblo a a preguntar por él, nadie le dio razón.

Los días pasaron y nadie daba razón de su paradero. Su papá inició una exhaustiva búsqueda, sin ningún éxito.

El prejuicio de que Tarcisio era “guerrillero”, se convirtió en un obstáculo para su búsqueda.

La mamá de Tarcisio entregó una foto de su hijo al Coronel de la Novena Brigada y días después un helicóptero de esta institución arrojó unos volantes con el mensaje:

“Tarcisio Medina Charry era del cartel de Cali y se había robado unas canecas de éter, y las tenía que poner en Garzón y él se había robado esa plata”.

Su familia y amigos iniciaron toda una batalla por conocer la verdad sobre este joven detenido-desaparecido.

“Han pasado 30 años de su detención y la Policía no ha informado sobre el paradero de Tarcisio”, afirma su hermana, Paola Medina Charry, quien lidera la búsqueda de familiares desaparecidos en el Huila.

En el año de 1995 el Tribunal Administrativo del Huila reconoció por primera vez que la Policía Nacional fue la responsable de la desaparición del estudiante.

Hasta ahora las investigaciones señalan como único responsable al subteniente de la Policía César Augusto Orozco Gómez.

Fue condenado a 45 meses de cárcel y al pago de 648 millones de pesos por secuestro simple.

Sin embargo, nunca estuvo preso, no pagó a la familia lo ordenado ni señaló el lugar en donde lo desaparecieron.

En 1998 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos declaró la responsabilidad del Estado colombiano en el caso de Tarcisio Medina Charry, por la violación de los derechos y libertades reconocidos en la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

Y ordenó a las autoridades efectuar una investigación seria, imparcial y eficaz sobre la desaparición del joven huilense y tomar las medidas necesarias para ubicar sus restos.

El Estado colombiano nunca negó la detención de Medina Charry pero siempre alegó que no había claridad en la desaparición.

30 años después la familia espera poder encontrar sus restos y darle cristiana sepultura.

“Para mí solo será posible empezar a hablar de perdón el día en que el Estado y la Policía me digan aquí está Tarcisio, el hermano al que has buscado durante 30 años. Ese día que nos entreguen junto con él un informe en el que nos digan qué sucedió, por qué lo detuvieron, por qué lo mataron, podré empezar a pensar en perdonar”, asegura Paola.

“No es posible perdonar cuando desconocemos la verdad, cuando la justicia ha sido inoperante, cuando seguimos siendo perseguidos, cuando nuestra vida no vale por el simple hecho que pensamos distinto”.

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